El Ejecutivo de Catalunya no tiene opinión sobre la operación Pretoria.
Ni está ni se le espera. El Govern no tiene opinión sobre la operación Pretoria ni sobre los casos de presunta corrupción que afectan a algunos municipios. Muchas y muy grandilocuentes son las llamadas a la responsabilidad y a la regeneración que lanzan, por separado, los dirigentes de las tres fuerzas políticas que conducen este país desde el año 2003, pero el tripartito no puede ni quiere pronunciarse oficialmente acerca de algo que ha generado enorme inquietud ciudadana. El pasado martes apareció en rueda de prensa el conseller Maragall, quien, “a título personal”, reflexionó en voz alta sobre los últimos acontecimientos y pidió disculpas a los catalanes, algo que el sábado también hizo José Montilla en su papel de líder del PSC. Es inaudito que un Gabinete de coalición no pueda fijar una posición conjunta sobre lo más grave y urgente en la sociedad a la que trata de servir.
Esta incapacidad a la hora de expresar un discurso común y claro acerca de la corrupción y la desconfianza institucional nos da la medida exacta de la escasa solidez de un proyecto gubernamental marcado por la fragmentación partidista de responsabilidades y por una presidencia que no tiene voluntad alguna de ejercer el mínimo liderazgo ni puertas adentro ni –como es evidente– de puertas afuera. Véase, en este sentido, la falta de respuestas de Montilla y sus consellers ante el profundo malestar que ha concitado el cierre de la planta de Lear en Roquetes y la pérdida de puestos de trabajo en las comarcas del sur de Catalunya. Era mucho más fácil para el PSC, ICV y ERC apuntarse, desde la oposición hace unos años, a las constantes manifestaciones contra el trasvase del Ebro que dar soluciones concretas, a fecha de hoy, desde los despachos en los que se deciden las prioridades. Es paradójico que el gran acto en positivo que el president Montilla ha protagonizado últimamente haya sido la celebración del 25.º aniversario del túnel del Cadí, una obra emblemática que ejecutó la administración Pujol.
El sondeo que La Vanguardia publicó hace una semana indicaba que hasta un 57% de los ciudadanos considera malo o muy malo que el tripartito se reedite después de las próximas elecciones. La cifra es elocuente, pero todavía lo es mucho más otro dato: por vez primera, los votantes de todas las siglas mantienen que la situación política en Catalunya es negativa. Por tanto, parece claro que, más allá de las corrupciones probadas o presuntas, lo que pesa en el ánimo es la ausencia del Govern cuando más se le necesita, verbigracia frente a la crisis. Sin contar los autogoles, como el que ha marcado ICV en Madrid durante la negociación de los presupuestos: Herrera consigue mantener los 400 euros para las rentas más bajas de 12.000 euros, pero Zapatero descuenta la tercera parte de esta devolución de los recursos previstos para la financiación autonómica. La generosidad del PSOE le costará al Govern 13 millones de euros. Así las gasta el “Gobierno amigo”.
Francesc-Marc Álvaro.
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